| El Narcisismo |
El mito de Narciso
Narciso crece sin conocer su belleza, cautivando, sin embargo, con ella, a doncellas, ninfas, muchachos, mujeres y hombres, que le declaran su amor, pero a los que rechaza sistemáticamente.
Eco fue, por tanto, incapaz de hablarle a Narciso de su amor, pero un día, cuando él estaba de cacería por el bosque, acabó apartándose de sus compañeros. Cuando él preguntó “¿Hay alguien aquí?”, Eco, contenta, respondió “Aquí, aquí”. Incapaz de verla oculta entre los árboles, Narciso le gritó: “¡Ven!”. Después de responder “Ven, ven”, Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en su cueva y allí se consumió hasta que solo quedó su voz, repitiendo para siempre las últimas palabras que escucha...
Es interesante el hecho de que Narciso no es consciente, en un principio, de que la imagen reflejada sea la de él mismo, quedando así aún más patente que su amor no es hacia sí mismo, sino a una imagen que ni siquiera sabe que es reflejo de su cuerpo... La progresiva consciencia de sí mismo queda bien expresada en el texto de Ovidio: “¿Cuántas veces besó en vano ese engañoso manantial?, ¿cuantas veces sumergió su cuello en las aguas, tratando con sus brazos de atrapar lo que había visto? No sabe lo que ve, pero lo que ve le consume, y el mismo error que le engaña, le excita. Crédulo (dice Ovidio), ¿porqué tratas de coger en vano la fugaz imagen?, no existe en ningún lugar lo que buscas. Apártate. Lo que amas lo perderas. Esta que ves es la sombra de tu imagen reflejada, nada de si misma tiene esa figura. Viene y se va contigo, contigo se marchará si puedes marcharte (...) Ni la inquietud de Ceres ni el descanso puede alejarle de allí, sino que extendido sobre la espesa hierba contempla la engañosa imagen con una mirada insaciable víctima de sus propios ojos. Levantándose un poco extiende los brazos a los árboles que tiene alrededor y dice: ¿Alguno ha amado con más triste crueldad? Y sigue hablando Narciso: Me encanta y lo veo, pero lo que veo y me encanta, sin embargo, no lo encuentro. Tan grande es el error que se apodera de mi amor. Y para que sea mayor mi dolor, no nos separa ni un inmenso mar, ni un camino, ni montañas, ni murallas con sus puertas cerradas. Sólo un poco de agua nos separa. Cuando yo alargo mis brazos hacia ti, tu los extiendes también. Cuando yo te sonrío, tu también; también, a menudo, he notado tus lágrimas cuando yo lloraba; también con una inclinación de cabeza respondes a mis señas; y por lo que puedo sospechar por el movimiento de tu hermosa boca, tu me diriges palabras que no llegan a mis oídos. Éste soy yo. Lo he sentido, y mi imagen no me engaña: me abraso en el amor de mi mismo, llamas muevo y llamas llevo. ¿Qué he de hacer?”. Finalmente Narciso, embargado por una profunda tristeza, reconociendo, al fin, como propia, la imagen (en el momento de “conocerse”, y según la premonición de Tiresias), en una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el lugar de su muerte nació una nueva flor, a la que se le dio su nombre: el narciso. |
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| Last Updated on Friday, 20 August 2010 16:59 |